Hoy en día estamos viviendo un momento crucial en la historia de la humanidad porque enfrentamos una crisis climática sin precedentes que ha generado cambios en la dinámica del agua (mucha o poca agua) obligándonos a pensar y actuar de forma distinta. Por ello, y como parte de una actitud responsable frente a la sociedad, es necesario aplicar el modelo de la economía del comportamiento como una alternativa que permita reducir el consumo de agua para mitigar las consecuencias negativas de esta situación.
¿Qué es la economía del comportamiento?
La economía convencional se sustenta en la existencia de una relación causal entre el conocimiento, la capacidad de análisis y la toma de decisiones. En esta aproximación las personas analizan los costos y beneficios antes de tomar decisiones; es decir toman decisiones meditadas y racionales. Las emociones, motivaciones y el contexto no se toman en cuenta como factores que influyen en la toma de decisiones de los seres humanos.
Sin embargo, las decisiones, incluso las económicas, parecieran ser producto de una interacción entre la mente y el contexto. Según la teoría de la Economía del Comportamiento las emociones, la forma como se vive y la cultura entre otros factores tiene una gran influencia en la toma de decisiones económicas. Así lo sugieren Daniel Kahneman (2002), y Richard H. Thaler (2017), ambos premios nobel de economía.
Diversas disciplinas ayudan: la neurociencia, la psicología, la antropología entre otras. Desde estas se han realizado valiosos experimentos e intervenciones que ayudan a explicar las decisiones económicas que se toman en el día a día. Sin embargo, hay aún mucho por explorar, es necesario identificar las potencialidades y límites y proponer estrategias que puedan tener un alto grado de eficiencia en temas como educación, salud, medio ambiente o cuidado de los servicios públicos.
Supuestos de la economía del comportamiento
El Banco Mundial (2015)1 da cuenta de tres principios orientadores en la economía del comportamiento.

El “empujoncito” en la economía del comportamiento
En la economía del comportamiento existe un mecanismo llamado en ingles “Nudge”, cuya traducción sería estímulo. Consiste en identificar los motivadores o estímulos para el cambio del comportamiento y utilizar los mismos en grupos poblacionales identificados. El objetivo sería ayudar a la población a tomar decisiones para lograr beneficios en su familia o su comunidad. Por ejemplo, a través de mensajes sensibilizadores se puede inducir a las personas a que tomen decisiones para no desperdiciar el agua, lo cual les permite lograr una serie de ventajas que van a beneficiar a sus familias y a sus comunidades.
Experiencias en economía del comportamiento
El modelo de economía del comportamiento se ha aplicado con resultados alentadores para impulsar cambios de conducta positivos respecto a servicios diversos. En lo relacionado al uso racional de los servicios de agua potable y alcantarillado sanitario en países de América Latina y América del Norte se tienen algunos resultados. Por ejemplo en Bogotá, Colombia (2007) donde en un momento de crisis de abastecimiento de agua fue necesario incentivar el ahorro, se identificaron motivadores diversos (recordatorios, regalos no monetarios, sanciones, avisos públicos, mensajes inspiradores, uso del discurso de líderes reconocidos) para reducir el consumo. Al finalizar la experiencia se logró una reducción de casi un 7%. Otro ejemplo es el realizado en Costa Rica donde se comunicó a los hogares su consumo comparándolo con el consumo de los vecinos y se hicieron mensajes premiando o llamando a la reflexión. Mensajes como “Tú hogar consumió menos agua que el promedio de las casas en tu barrio. ¡Excelente trabajo!” o “Tu hogar consumió más que los vecinos del barrio”, este último con recomendaciones; lograron la reducción del consumo entre 4% y un 6%. En general la experiencia demuestra que estás son soluciones de bajo costo que pueden tener un alto impacto.
La economía del comportamiento en Perú
Teniendo en cuenta estas experiencias, el modelo de la economía del comportamiento en Perú puede ayudar significativamente al cambio conductual, por lo que, más allá de las políticas de precios o de infraestructura, es necesario explorar o descubrir cuáles son las motivaciones que movilizan a la gente a reducir el consumo de agua y valorar el servicio, teniendo a favor la voluntad mayoritaria creada en los últimos diez años de cuidar o proteger el ambiente.
El Plan Nacional de Saneamiento 2022-2026 del Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento da cuenta que además de la baja disposición a pagar por el servicio de agua, la población en general tiene una percepción negativa respecto a la gestión de los prestadores del servicio. Entre otros factores vinculados a esta problemática, se identifican el escaso cuidado del agua potable por los usuarios que impacta directamente en la capacidad de los prestadores para ampliar los servicios, el uso inadecuado del alcantarillado que deteriora las instalaciones y genera emergencias impactando en la calidad del servicio, y, la calidad de las descargas industriales no controladas que impacta no solo en los costos y en la calidad del tratamiento de las aguas residuales, sino que afectan también la calidad de las fuentes de agua.
La ventaja de Perú para impulsar una economía del comportamiento es que cuenta con una Política Nacional de Saneamiento (PNS) que en el eje 6 “valoración del servicio”, expresa la necesidad de “desarrollar una cultura ciudadana de valoración de los servicios de saneamiento” como respuesta a la baja valoración de los servicios por parte de la población de las grandes y pequeñas ciudades de todo el país. Esta información servirá de insumo para realizar pruebas experimentales e identificar los motivadores de la acción más eficaces y estrategias de acción en niveles distintos.